Tal y como en gran Dante, me encuentro en la "a mitad del camino de la vida" (Nel mezzo
del cammin di nostra vita) y al llegar próximamente a los 35 años, decidí echar una
explorada a mi hogar, al lugar en donde, se nos ha enseñado desde pequeños, queda un
paraíso, el lugar más lindo de Colombia, y casi del mundo, en donde los ricos nacionales y
extranjeros pasan las vacaciones, nuestra heroica, la fantástica! Esa ciudad llamada
Cartagena de Indias…
Me encontré caminando por un manglar, casi desértico, lleno de basuras, de desperdicios
que la gente tira con la mano y con otras partes del cuerpo también, ahí me asaltaron tres
bestias, un mototaxista, un sicario y un fletero, dispuestos a llevarse hasta los calzones que
tenía puestos, gracias al Altísimo fui rescatado por el poeta Luis Carlos Lopez y
comenzamos un viaje para descubrir este “noble rincón de mis abuelos”.
Pasamos una puerta donde claramente se podía leer “usted está jodido si entra aquí” e
identificamos algo así como un lobby, de esos que tienen los hoteles o los edificios de
Castillogrande, y con el Tuerto, empezamos a ver mucha gente conocida, e identificamos a
los populares borregos, esos Cartageneros que nunca se comprometieron, que a lo Poncio
Pilato Style vivían lavándose las manos, esos que jamás quisieron salir a votar, que todo
les daba flojera, que todo les daba lo mismo, su ciudad estaba llena de cosas a medio
hacer, de Transcaribe, de puentes mochos, de alcantarillado casi terminado.
Llegamos a un primer barrio llamado Limbo y la gente que encontramos no la podemos
clasificar en mala mala, simplemente en gente que no ha querido nunca hacer el bien, que
no conocen el amor por la ciudad, ellos caminan por las calles como sin rumbo fijo, este
barrio está plagado de mototaxis, basuras en las esquinas y constantemente en sus
hogares sufren cortes de agua y energía eléctrica.
El segundo barrio se llamada Deseo, y nos dimos cuenta que sus habitantes siempre
querían más, se comprometían pero siempre querían su beneficio, eran sedientos de cosas,
en este barrio habían edificaciones suntuosas al lado de tugurios, inodoros de oro al lado
de letrinas, mega proyectos de billones al lado de casas de barro, mierda perfumada con
Chanel.
El tercer lugar en visitar se llamaba Llenura y todo el mundo parecía contento, todo el mundo
menos los que llegaban de paso, que no se explicaban porque los habitantes de barrio
especulaban con los precios de todo, todo lo querían llevar a las nubes y si alguien quería
vivir en ese barrio, tenía que empeñar de la cedula para arriba.
Seguimos y llegamos a Avaricia, lugar terrible donde según nos cuentan, años atrás se
había caído un puente, la tierra se había tragado unas casas, y hasta un buen hombre que
trabajaba en la radio, que se le había dado por ser Alcalde, se había enfermado de muerte
sin renunciar a su cargo.
Llegamos a Rabia, y casi como llegamos nos fuimos, ya que este lugar reinaba la
inseguridad, y según nos contaron, años antes en virtud de unas “protestas” habían
ensuciado el lugar, habían partido unas estaciones de Transcaribe y habían pintado de
grafitis hasta los lugares más santos. Aquí vi muchos coches tirados por animales con
hambre, en los huesos, y sus conductores lejos de consentirlos, los maltrataban de golpe,
de palabra y de exceso de carga.
Al sexto barrio, ya muy asustados y preguntándonos si este era el paraíso que nos vendían
las páginas de internet y los folletos de los hoteles, llegamos y nos enteramos que se
llamaban Los Herejes, aquí nos encontramos con policías que extorsionaban, oficiales de
tránsito que cobraban para no castigar infracciones, alcaldías menores en donde la palabra
cover sonaba familiar, si, para entrar, había que pagar.
Raudos llegamos al séptimo barrio en donde pensábamos que nuestra suerte iba a cambiar,
que mal estábamos, porque acá había fleteros, ladrones de todas las montas, sicarios en
moto, en carro y a pie, pandillas de niños y de grandes, pelas de esquina y más, corriendo
y asustados salimos, no sin antes escuchar el nombre del barrio, Violencia.
Los últimos dos barrios estaban casi pegaditos, el uno junto al otro, casi siameses, mellizos,
muy parecidos, pero también diferentes, se llamaban Fraude y Traición, y bueno, ahí nos
encontramos muchos exalcaldes, exgobernadores, exconcejales, excongresistas y otros
exfuncionarios de todas las calañas.
El Tuerto y yo casi llorando finalizamos nuestro Dantesco viaje, fríos y casi en las lágrimas,
al darnos cuenta que nuestro amado paraíso, nuestra amada ciudad, la más bella de
Colombia y del mundo se había convertido en a nuestros ojos y a los ojos de muchos en un
infierno.